Communidad

Reconocemos los dones de cada persona y nutrimos su contribución al carisma, la misión y la identidad de la comunidad.

Vivir en una comunidad de hermanas es como vivir en una gran familia. Siempre hay alguien ahí para apoyarnos y animarnos, para hacer que nuestra vida se expanda más allá de lo imaginable. Lo mejor es que todas tenemos la misma misión de servir a Dios y de marcar una diferencia en la vida del pueblo de Dios. Y al igual que en una familia, hay tiempos buenos y tiempos malos. Hay ocasiones en que estamos en desacuerdo, en que incluso nos enojamos unas con otras, pero somos una comunidad y siempre estamos presentes para nuestras hermanas.

Como hermanas, somos seres humanos con las preocupaciones, las inquietudes y las actividades usuales que tienen todas las personas, lo que incluye la necesidad de relajarnos y divertirnos. Tenemos pasatiempos, dedicamos tiempo a estar juntas, nos gusta reunirnos con nuestras amistades, disfrutamos viajar y nos encanta reírnos.

Somos personas… somos personas que eligieron apoyarse mutuamente y servir a Dios con alegría.

Siempre estamos dispuestas a recibir con gusto a otras personas que quieran orar y vivir en comunidad con nosotras. A través de una vida rica en oración tenemos mayor capacidad para ver las cosas como las ve Dios. Nuestra vida comunitaria señala el misterio de la Iglesia, en la que nos esforzamos por vivir, en unidad y honrando nuestra diversidad.

Crédito de las fotos: Liderazgo del amor. Congregación de la Humildad de María; Fondo: Monasterio del Sagrado Corazón